A través de cualquiera de estos dibujos se quiere sugerir un análisis de una persona, la relación que esta tiene con su contexto y qué parte conforma del mismo, buscando así, hacer un retrato que va mas allá de una representación naturalista y que busca el des-cubrimiento de un carácter complejo, de una identidad y una realidad específica. Se busca todo esto a través de un lenguaje que incorpora largos pedazos de papel y Mylar, recortes de noticias de nuestro conflicto armado, una multitud de cartas y textos escritos por las mismas personas que están siendo analizadas por el retrato; uniendo todo esto a través de la imagen creada con el grafito. Así, creando una imagen que está llena de pedazos de papel, de textos y de artículos, donde la persona misma termina convirtiéndose en un pedazo más de la imagen, y donde los pedazos, por su relación entre sí, sugieren el carácter de esta persona y su espacio. Ahora, para ser más concreto, me refiero a relaciones como las de una niña, su grito, los cuentos escritos por ella, artículos de masacres nefastas, y un espacio (formato) que oprime, enmarca o expande su espacio personal; o las relaciones entre una pareja de viejos sucreños, con los textos que él escribió para la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos), el contraste entre la sonrisa de ella y la seria mirada de él, entre los rasgos duros de una vejez dura y un formato (espacio) que sugiere la naturaleza de su relación. Todo para mostrar, más allá de su rostro y cuerpo representado por un habilidad técnica con el dibujo, una realidad, que son un collage de texto e imagen, de papel e historia o que como dirían en la costa atlántica, de personas que están emparapetadas. Por lo tanto, una imagen que por mi experiencia, es lo que somos muchos y muchas colombianos y colombianas, en un país donde ha reinado el silencio, y donde por diferentes sucesos, nuestro tejido social, ha sido cortado y lacerado, dejándonos con la tarea de unir los pedazos y crear la imagen de quienes somos.